EL MINISTRO DE EXTERIORES DE ESPAÑA REIVINDICA UNA “VOZ IBEROAMERICANA” EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL Y DEFIENDE EL PAPEL DEL PERIODISMO FRENTE A LA DESINFORMACIÓN
- En un diálogo mantenido con los editores de EditoRed, la asociación de editores de medios de comunicación de la Unión Europea y América Latina
En una entrevista realizada por EditoRed durante el IX Congreso de Editores de Medios de Comunicación de la Unión Europea y América Latina, celebrado en Alcalá de Henares, el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, analiza el deterioro del orden internacional, el papel de Iberoamérica y los retos de Europa. En el diálogo participan Martha Ramos (Grupo OEM propietario de El Sol de México) y Aitor Hernández-Morales (Grupo Axel Springer, propietario de Politico) y Jesús González Mateos (presidente de EditoRed).
CUMBRE IBEROAMERICANA DE MADRID
Ministro, España acogerá en otoño una cumbre iberoamericana en Madrid y queremos que, evidentemente, la comunidad iberoamericana venga y esté con nosotros y podamos dialogar sobre el papel que tiene que tener esa comunidad en el mundo en esta situación. ¿Qué objetivo se ha marcado para esa cumbre?
Lo primero, agradecer al Instituto Cervantes, que también es el verdadero ministro del español, y a su director por acogernos aquí.
La verdad es que me es muy grato estar aquí hablando una vez más con todos vosotros en unos momentos en los que es tan importante que haya una voz iberoamericana. Y eso es lo primero que queremos conseguir en la Cumbre Iberoamericana. Hay una forma de ser, de estar y de posicionarse en el mundo genuinamente iberoamericana.
En estos momentos tan convulsos y tan complejos en el mundo, donde asistimos a una auténtica ruptura del orden internacional y donde, para algunos países muy poderosos, la guerra ha vuelto a ser un instrumento para imponer sus objetivos de política exterior, es muy importante que la comunidad iberoamericana —que compartimos valores, porque una comunidad es mucho más que una organización internacional o que una asociación— haga oír su voz.
Una comunidad supone compartir valores y objetivos, y uno de los valores que tenemos todos los iberoamericanos es creer en las Naciones Unidas y en el derecho internacional, ahora que está siendo cuestionado. Es defender la paz. Los Estados de América Latina no se hacen la guerra entre ellos para dirimir sus disputas. Los países latinoamericanos son los que más acuden al Tribunal Internacional de Justicia para dirimir, con derecho y a través del derecho, sus disputas. Y lo contrario del derecho, ahora que algunos cuestionan el derecho internacional, es precisamente la fuerza.
Queremos dinamizarla, queremos que esa voz se escuche. Y una de las cosas que estamos haciendo durante estos dos años de secretaría pro témpore española es posicionarnos internacionalmente. Una de las posiciones más fuertes que tenemos en estos momentos es que creemos y queremos que el próximo secretario general de las Naciones Unidas, que hay que escoger a finales de año, tiene que ser precisamente una mujer o un hombre de América Latina.
Al mismo tiempo, estamos todos confrontados al cambio climático y a lo que supone, a la amenaza existencial que representa. Vemos en España y en Portugal, en este lado del Atlántico, incendios, danas, desbordamientos de ríos. Al otro lado del Atlántico, tifones que lo arrasan todo, incendios… y nos ayudamos entre nosotros. Los aviones españoles de protección civil cruzan el Atlántico y, de la misma forma que tenemos un mecanismo de protección civil europeo, queremos construir uno a nivel latinoamericano frente a los desastres naturales y los efectos del cambio climático. Ese es uno de nuestros objetivos.
El segundo: hay todo un sistema de conocimiento y una comunidad de conocimiento iberoamericana. El idioma nos acerca y nos une, pero eso también hay que estructurarlo, y queremos dinamizar todo lo que es la movilidad académica, la movilidad de investigadores.
Y tenemos un desafío a nivel mundial que es existencial para los iberoamericanos, que es la inteligencia artificial. La inteligencia artificial, que es una amenaza para nuestras democracias, que es también una amenaza aplicada a lo que es el armamento —hace muy poco, en A Coruña, teníamos una cumbre internacional sobre la aplicación, los peligros y los límites que tiene que tener la inteligencia artificial en el armamento; lo estamos viendo en estos momentos en Oriente Medio—, y también es una amenaza para nuestro propio idioma, para que pueda pervivir con toda su riqueza. Por lo tanto, la inteligencia artificial y todo ese ámbito digital tienen que ser uno de los grandes objetivos.
Por tanto, que haya una voz en la escena internacional claramente iberoamericana. Muchos bloques regionales se expresan y pesan en el mundo en estos momentos de transformación; la comunidad iberoamericana tiene que hacerlo. Y, después, tres grandes bloques: digital, movilidad —muy centrada en la academia y la investigación— y un mecanismo de protección civil.
GUERRA DE IRÁN
Ministro, la semana pasada España marcó distancia del ataque que Estados Unidos e Israel hicieron contra Irán. Estados Unidos amenaza con tarifas, Trump reclama no tener el apoyo de la OTAN… ¿en qué momento estamos?
Hoy es miércoles y parece que ya es domingo, al nivel al que va todo.
Esta es una guerra unilateral, en violación flagrante del derecho internacional, pero, sobre todo, es una guerra en la que los europeos, los aliados europeos —todos los europeos—, no fuimos ni consultados ni informados. Esta no es nuestra guerra, esta no es la guerra de Europa.
España fue la primera en hablar. No es nuevo. Fuimos los primeros que hablamos sobre Gaza, fuimos los primeros en lanzar el movimiento del reconocimiento del Estado de Palestina, y detrás han venido muchos. España lidera en estos momentos en política exterior, en las posiciones mundiales, y lidera simplemente porque nuestra política exterior responde claramente a los valores y a los intereses de nuestros ciudadanos.
Y cada vez más —estaba en un Consejo de Asuntos Exteriores en Bruselas el lunes con el resto de ministros— la mayoría de los países se van acercando a nuestras posiciones. Porque sobre esta guerra, sobre la que ni nos informaron ni nos consultaron, no tuvimos ninguna posibilidad de decir nada al respecto; nos enteramos todas las capitales europeas a través de las pantallas de televisión cuando nos levantábamos ese día. Sin embargo, afecta sobre todo a los ciudadanos europeos.
No solamente nos afecta en nuestros valores, sino que nos está afectando en el incremento de los precios energéticos. No tardará mucho, si sigue este nivel de violencia, en haber un movimiento humano desde Irán o desde Líbano; hay ya un millón de desplazados desde Líbano, como hace años hubo un millón de ciudadanos sirios viniendo.
Y lo que sí nos tenemos que plantear todos, los países del planeta que mayoritariamente seguimos creyendo en los principios de la Carta de Naciones Unidas, es que tenemos que escoger. Y la dicotomía en estos momentos es muy clara: o el orden mundial o el desorden mundial. Pero el desorden mundial en estos momentos lo está conectando todo: Venezuela, Ucrania, Irán, Gaza, Groenlandia… A base de sumar desorden vamos a llegar al caos.
Y, al final, o escogemos el derecho o escogemos lo opuesto, que es la fuerza; o escogemos la paz o escogemos la guerra. Y somos muchos más, abrumadoramente muchos más, los países y las personas que escogemos el derecho, la paz y la resolución pacífica de conflictos.
Por eso España habló desde el primer momento con claridad y por eso España, una vez más, lidera un movimiento a escala mundial, simplemente por coherencia. Decimos exactamente lo mismo por los mismos motivos, con los mismos principios, en Ucrania o en Oriente Medio. Cuando el niño que está bajo las bombas es rubio y tiene ojos azules o cuando tiene pelo oscuro y ojos oscuros, exactamente igual, porque al final hay un fondo de dignidad que es igual para todos los seres humanos.
UE-AMÉRICA LATINA
Desde Bruselas, ¿qué medidas concretas se pueden tomar para reforzar la relación estratégica entre la Unión Europea y América Latina?
Nosotros, durante nuestra presidencia, ya establecimos una serie de pautas que, felizmente, están teniendo recorrido y están llegando ya a su conclusión. El acuerdo Unión Europea-Mercosur, el que está a punto de firmarse con México…
Yo siempre explico a mis colegas en la mesa del Consejo en Bruselas que, para nosotros, para los europeos —no para los españoles o los portugueses, por supuesto—, es ante todo un acuerdo comercial. No es así para los países de América Latina. Es un acuerdo comercial, pero también es una muestra del compromiso político a largo plazo que queremos tener con ellos.
Y América Latina —también lo explico muy a menudo— es, de lejos, la región más eurocompatible del planeta. Compartimos valores, compartimos una visión del mundo.
Lo que tenemos que hacer es profundizar esos acuerdos comerciales: 700 millones de personas, uno de los mayores mercados del planeta con Mercosur. Seguir construyendo una voz conjunta con posiciones internacionales que defiendan lo que a América Latina y a Europa les conviene, que es el orden mundial, la existencia del derecho internacional.
Aprovechar instrumentos que se pusieron en marcha durante nuestra presidencia, como Global Gateway, y toda esa financiación para pequeñas empresas, para startups, para conseguir conectividad —conectividad energética, conectividad también de transporte—, eso es lo que tenemos que hacer.
Que la distancia geográfica no nos impida ver la cercanía política que tenemos.
Y mucho más allá, Europa tiene que dar un salto de soberanía y de independencia en estos momentos. Nos va mucho en juego. Una parte de ese salto de soberanía y de independencia —que lo tenemos que hacer en la parte económica— lo tenemos que hacer también en la parte de seguridad.
Y eso viene también por escoger quiénes son nuestros socios en el mundo. América Latina tiene que ser, dentro de ese salto de soberanía, uno de nuestros socios privilegiados.
Volviendo al tema de Irán, parece que la posición común de la Unión Europea avanza hacia la defensa del derecho internacional. ¿Cree que eso se va a consolidar y que la Unión va a tener una única voz?
Yo, el lunes, en el Consejo de Asuntos Exteriores de ministros de Asuntos Exteriores, sí vi un cambio, un cambio importante.
Porque yo creo que todo el mundo ha comprendido que el verdadero realismo europeo, lo que protege a nuestros ciudadanos, es el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas, evitar que la guerra se convierta en un instrumento de política exterior.
Hubo en los primeros días algunas declaraciones muy desafortunadas que iban en la línea de “qué bonito es el derecho internacional”, “qué bonito es la idea de paz”, pero eso no es realista. Eso no es realista.
Lo que no es realista es pensar que los europeos, los ciudadanos españoles y los ciudadanos europeos, van a vivir mejor sin derecho internacional, sin Naciones Unidas. Al final, es eso lo que nos ha dado las mayores décadas de paz y de prosperidad.
Por lo tanto, sí, yo creo que cuando uno ve el incremento de los precios energéticos, el riesgo de movimientos humanos de una talla de millones de personas —como ya vivimos no hace tanto tiempo con Siria—, se está imponiendo ese realismo, el verdadero realismo que defiende a nuestros ciudadanos.
Y yo creo que tenemos ejemplos muy recientes, a pequeña escala comparado con lo que puede ser Irán y toda la desestabilización de Oriente Medio —Irak, Siria—, de hacia dónde nos dirigimos.
Yo creo que, liderados por España, en estos momentos los europeos no vamos a permitir que aquellos que entran en aventuras militares que luego pagan, en todos los sentidos —también en el literal—, los ciudadanos europeos, lo puedan conseguir.
RELACIÓN ESPAÑA-MÉXICO
No podría ser mexicana y no preguntar por la relación entre México y España. Se habla de un deshielo en los últimos días. ¿Cómo se ve desde España esta relación?
Es una relación fraternal, es una relación entre pueblos hermanos.
Yo no hace mucho hablé con mucha claridad sobre la relación con México en otra sede, en la sede central del Instituto Cervantes. Hablé sobre nuestra relación actual y hablé sobre el pasado, y di mi visión con toda claridad, que tuvo muy buena acogida también en los medios mexicanos.
Es imposible para un país como España no tener esos lazos absolutamente de hermandad con el pueblo mexicano. Ningún mexicano es extranjero en España, de la misma forma que jamás un español ha sido extranjero en México.
Para mi generación, el saber que México fue siempre un país de acogida para los exiliados republicanos, la forma en que estuvieron allí… Yo recuerdo una de las veces que visité oficialmente México: la actual presidenta era todavía alcaldesa de Ciudad de México y me enseñó dónde se reunían las Cortes republicanas, la sala donde se reunían.
Todo eso da una dimensión de la historia común que tenemos entre el pueblo mexicano y el pueblo español.
Yo tengo unas extraordinarias relaciones con el canciller mexicano y, desde luego, en estos momentos, que un país como México —un país que cree en el derecho internacional, que cree en la igualdad, que cree en la paz— una fuerzas y estreche lazos todavía más con España —un país que cree exactamente en lo mismo—, desde luego es algo bienvenido.
Y yo, desde luego, trabajo cada día por reforzar esos lazos.
UNIÓN EUROPEA EN EL MUNDO
En clave europea, España habla con claridad en el escenario internacional. ¿Tiene la Unión Europea la fuerza y el interés para actuar como actor geopolítico relevante?
Sin duda alguna, la fuerza la tenemos. Somos una de las grandes potencias económicas del planeta.
En estos momentos, en el apoyo a Ucrania —hoy que está aquí el presidente Zelenski y que le hemos reiterado nuestro apoyo—, es Europa, ante todo, quien está respaldando la libertad, la independencia y la democracia de Ucrania, con apoyo de todo tipo, incluido el militar.
Lo que nos hace falta es que los europeos seamos conscientes de la fuerza que tenemos y de la capacidad que tenemos, y que traduzcamos eso en una acción política a nivel global.
Antes hablaba de ese salto de soberanía y de independencia que tenemos que dar, y eso tiene una serie de parámetros. Sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Lo sabemos. Lo que hace falta en estos momentos es tener la voluntad política de llevarlo a cabo.
Sabemos que, económicamente, tenemos que avanzar hacia nuestra soberanía económica, remover los últimos obstáculos del mercado interior, diversificar nuestros socios comerciales —que ya lo estamos haciendo, con Mercosur, con India—, crear un verdadero mercado digital europeo, crear un mercado de capital europeo.
La mayor parte del dinero y la financiación europea está fuera, financiando innovación e ideas que no son europeas. Tiene que estar aquí.
También en nuestra seguridad: no para sentarnos en la mesa de las potencias agresivas para ser un agresor más, sino precisamente para equilibrarlas.
Tenemos que integrar nuestras industrias de defensa, entre las mayores del mundo. Cuando vemos Airbus, tanto en su rama civil como militar, es un ejemplo claro de que los europeos podemos liderar cualquier mercado tecnológico.
Y tenemos que dar un salto hacia un verdadero ejército europeo.
Y, al final, todo eso tiene que estar en torno a una concepción política, a una visión de futuro de lo que tiene que ser Europa. Y esa visión tiene que ser la de los valores europeos: defender la democracia, la tolerancia, la igualdad, y plantar cara a la extrema derecha, que está fuera pero también tiene sus terminales dentro de los países europeos.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La inteligencia artificial plantea retos muy diversos. ¿Es el momento de regularla a nivel global y qué papel debe jugar Naciones Unidas?
Sin duda alguna, Naciones Unidas tiene que participar, y España participa en ese debate.
La inteligencia artificial es un desafío absolutamente mundial y es una prueba más de que, a los grandes desafíos globales, no existe una respuesta unilateral: tiene que ser multilateral. Y el foro es Naciones Unidas.
Toda innovación, a lo largo de la historia, no es ni buena ni mala en sí misma; depende del uso que se le dé. Por eso es importante regularla.
Hay aspectos en los que puede ser enormemente beneficiosa, pero hay otros en los que es claramente negativa. No podemos dejar la inteligencia artificial en manos de nuestros menores, hay que protegerlos.
Tenemos que tener en cuenta que la desinformación diaria y su penetración en periodos electorales es un auténtico peligro, con los deepfakes y la difusión de información completamente falsa.
Todo eso tiene que estar regulado. Tenemos que tener el control. No podemos permitir que un avance tecnológico nos lleve a nosotros; tenemos que marcar las pautas.
El uso de la inteligencia artificial en el armamento puede producir un auténtico desastre.
Por lo tanto, claro que es necesaria una regulación, y no veo otra posibilidad que hacerlo de manera global, multilateral, en el marco de Naciones Unidas.
EL PAPEL DEL PERIODISMO
Por último, ¿qué papel deben jugar los medios de comunicación en este contexto internacional?
Es fundamental, porque este es un momento en el que los ciudadanos tienen que escoger: entre fuerza y derecho, entre orden mundial o desorden mundial, entre guerra y paz.
Y esas decisiones, que uno hace en conciencia, se traducen también en opciones políticas en el momento de las elecciones.
Es imposible que el ciudadano se forme un criterio crítico, informado, sin información libre y veraz.
Ahí los medios de comunicación juegan un papel fundamental en ambos aspectos: en dar la información y en que esta sea libre y veraz.
Y ahí tocamos también el debate de la inteligencia artificial. Hoy la información llega mezclada con bulos, mentiras y desinformación organizada.
Solo los medios de comunicación, los de verdad, pueden ofrecer información contrastada que permita al ciudadano tener acceso a la verdad.
El desafío es muy grande, porque en estos momentos se mezcla todo: periodismo, opinadores, desinformadores…
Por lo tanto, el papel sigue siendo igual de importante que antes, pero el desafío es mucho mayor.